¿Cuánto cuesta el orgullo de Jalen Duren?
Las negociaciones entre Jalen Duren y los Detroit Pistons han llegado a un punto crítico. Pudiese parecer que ya estaban ahí, pero las últimas noticias desveladas por Shams Charania en ESPN llevan el drama a nuevos estratos. Desde que se abriese la agencia libre allá por julio, se nos contó que ambas partes estaban condenadas a entenderse. Más que nada porque los agentes libres restringidos son los esclavos del nuevo mundo en un mercado donde solo su equipo de procedencia puede pagar su valor.
Conociendo esta posición de poder, Detroit corrió a dejarle claro que no veía a Duren como un jugador de máximo salarial. La oferta inicial, al menos la que se nos ha filtrado, se situaba en unos 175 millones de dólares por cinco años. A unos 35 ‘kilos’ anuales. El problema para Duren no está en esa cifra, sino en la que los Pistons le podrían ofrecer, que es de un total de 287 millones para el próximo lustro.
Los méritos y deméritos de Jalen Duren
El interior se ha ganado aspirar a esa cifra en la pista, siendo el segundo jugador más productivo del líder destacado de la Conferencia Este y colándose en el tercer quinteto All-NBA de la pasada temporada. Lo que activa la posibilidad de percibir el 30% del tope salarial. Para su desgracia, también en la pista es donde ha hecho añicos a sus aspiraciones de máximo, mostrándose netamente inferior en los playoffs a jugadores como Wendell Carter Jr., Jarret Allen o Evan Mobley; incapaz de imponerse a Goga Bitadze y teniendo menos impacto que su compañero Isaiah Stewart.
A la cifra de Detroit, Duren y su representante contestaron con 200 millones como suelo esperado. Una diferencia de unos 5 millones anuales. Desde este intercambio de pareceres, nos cuentan que la norma entre ambas partes ha sido el silencio. Una calma tensa que, creía Detroit, ponía al jugador contra la pared mientras la espada se acercaba a su vientre en forma de fecha límite para aceptar el trato o remitirse a su oferta cualificada de 9,6 millones antes del 1 de octubre. Los Pistons pensaron que el tiempo jugaba a su favor. Duren tenía su propio deadline.
Usualmente, octubre es el mes para firmar las extensiones de contrato rookie que no son un máximo evidente. Estas últimas semanas la NBA ha oficializado unas cuantas renovaciones que el campamento Duren esperaba para volver a la carga. Especialmente la de cierto dúo de hermanos. Como era de esperar, Amen y Ausar Thompson han firmado sus extensiones por 205 millones y 155 millones por cinco años respectivamente. Con el diario del lunes, Duren ha vuelto a Trajan Langdon con expectativas renovadas que el presidente de operaciones creía colmar de una vez por todas con una oferta ahora mismo definitiva: los 200 millones que reclamaba desde junio. De nuevo, la negativa del interior.
Duren cree haber hecho méritos para merecer más que Amen Thompson, aunque a estas alturas, queda claro que no es un tema económico. El a menudo naif “apostar por uno mismo” carece de sentido en el momento en el que salir de Detroit implica, incluso en el mejor de los escenarios, perder dinero. Y es que si Duren decide acabar tomando su oferta cualificada y salir a la agencia libre la temporada que viene, lo máximo a lo que aspira lejos de Michigan son 198,8 millones de dólares.
Aquí, lo que está dejando claro Duren es que su orgullo vale más que 1.200.000. Que se siente menospreciado por la oferta y la actitud que le han demostrado los Pistons durante todo el verano y que ahora van a tener que hacer un esfuerzo extra si pretenden retenerlo más allá de 2027. Sabiendo que Detroit ya está ofreciendo más de lo que quiere ofrecer, lo cual echa aún más sal a la herida.
Esto es humano. Cualquier persona tiene ego y el derecho de sentirse herida en él. Por mucho que desde fuera se vea como un desajuste obvio en la percepción de la realidad y de sí mismo.
Ahora mismo Duren no piensa que dejar sobre la mesa el contrato de su vida le vaya a pasar factura como le ha pasado a Dennis Schröder, Jonathan Kuminga, Cam Thomas, Nerlens Noel, Latrell Sprewell o Shabazz Muhammad. Cree ser diferente y, sobre todo, cree que Detroit le ha faltado lo suficiente al respeto como para cerrarse en banda. Si esta misma cifra se la ofreciesen en Milwaukee, como filtran desde allí que estarían dispuestos, no dudaría un segundo en estampar su rúbrica. Lo que le duele no es lo que le ofrecen los Pistons, sino lo que se han dejado en el tintero siendo los únicos que le pueden poner un máximo sobre la mesa.
Esos mismos Pistons, habiendo protagonizado una de las peores etapas de su historia en la última década, valen hoy 12 veces más que los 331 millones que pagó Tom Gores en 2011. Sus cuentas no van a lamentar demasiado el daño deportivo que supondría perder a uno de sus mejores jugadores en 2027 mientras se aprovechan un último año de su necesidad de demostrar muy por encima de un salario de 9,6 millones. A veces, es sensato tomar consciencia de la mortalidad y la pequeñez de uno mismo ante lo que tiene enfrente.
Jalen Duren y/o su agente parecen enrocados en el pensamiento de que perder 1,2 millones no es para tanto. Hay nueve ciudades NBA con una tasa impositiva inferior a la de Detroit que salvarían dicha pérdida hipotética. De nuevo, el amor propio puede tener un valor superior a esa cifra en un jugador que ya ha ganado 19,4 millones en su carrera. Solo cabe esperar que el destino no quiera que en un año esté lamentando que su orgullo le deje de ser rentable por haberle costado decenas de millones de dólares.
(Fotografía de portada de Rick Osentoski-Imagn Images)



