¿Son los Thunder, es McCain… o era Philadelphia?
El trabajo de los entrenadores en la NBA siempre lo he considerado uno de los temas más difíciles de enfocar y también de valorar. Porque posicionarse implica atravesar un camino de lo más sinuoso: desligar al entrenador del nivel de sus plantillas y el físico (e IQ) de los jugadores a su disposición.
Con pizarras enfocadas en priorizar el talento individual, el spacing ofensivo y la creación de ventajas a partir del uno contra uno, no es tarea fácil identificar cuánto del rendimiento de un equipo responde realmente al sistema del cuerpo técnico y el buen uso de las rotaciones, y cuánto al simple hecho de tener (o no) a grandes estrellas sobre la pista que funcionan —semana sí, semana también— como un inagotable Deus ex machina.
Esto —aunque lejos todavía de la seriedad europea— no significa que el componente táctico no exista; de hecho, cada vez hay más sofisticación en el uso de mismatch, los bloqueos y el pase adicional. Pero a menudo todo queda diluido, casi sometido, a la capacidad de las estrellas para condicionar y/o resolver posesiones por sí mismas.
Por ello, una de las mejores formas de (tratar de) medir el brazo de los entrenadores, es comparando escenarios razonablemente análogos en el corto plazo.
En ellos se pueden detectar matices interesantes sobre el funcionamiento de un sistema o el encaje de determinados jugadores dentro de él. Porque cuando un jugador cambia de equipo y su producción varía de forma notable, la conversación inevitablemente vira hacia la misma dirección de siempre: cuánto es cuestión del talento (infrautilizado en el caso de este post)… y cuánto del entorno.
Hablemos, pues, de Jared McCain.
Hablemos de McCain
El escolta llegó a la NBA pisando fuerte, convirtiéndose de inmediato en una de las sensaciones del Draft de 2024 (pick 16). En sus primeros meses en Philadelphia logró un impacto inmediato que incluso le colocó en la conversación por el ROY, promediando más de 15 puntos por partido antes de que una rotura de menisco diese al traste con la temporada, obligándole a pasar quirófano cuando su alrededor le sonreía.
El problema es que la mala fortuna no terminó ahí. Durante la recuperación y posterior preparación de la temporada siguiente, McCain volvió a sufrir contratiempos físicos, entre ellos una rotura del ligamento colateral del pulgar que retrasó su puesta a punto y volvió a sacarle del ritmo competitivo.
Cuando finalmente regresó a la pista, el contexto en Philadelphia ya era muy distinto. El equipo vivía una temporada irregular y con una rotación exterior saturada. McCain, que había irrumpido como una de las grandes promesas del proyecto, pasó a ocupar un papel difuso dentro del equipo y con la sensación de ir cada día a menos.
Incapaz de cumplir con las expectativas que él mismo había fijado unos meses antes, mientras los 76ers hacían justo lo contrario —superando las previstas para la 2025/26—, la NBA volvió a demostrar su lógica productivista incluso ante un técnico de la riqueza y espesor táctico de Nick Nurse: de posible cara de la franquicia a moneda de cambio en el deadline invernal.
Y con un destino de doble filo. Los vigentes campeones. Oklahoma CityThunder: colectivo aspirante a todo, garantía (en lo personal) de nada.
| Equipo | PJ | Min | Tiros | eFG% | FG% | 3P% | PTS | REB | AST | ROB |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Philadelphia 76ers | 37 | 16,8 | 6,2 | 48,3% | 38,5% | 37,8% | 6,6 | 2,0 | 1,7 | 0,6 |
| Oklahoma City Thunder | 12 | 19,5 | 9,0 | 57,9% | 47,2% | 41,1% | 11,9 | 2,8 | 0,9 | 0,8 |
| Diferencia | — | +2.7 | +2,8 | +9.6% | +8.7% | +3.3% | +5.3 | +0.8 | -0.8 | +0,2 |
Sin pretextos y en contexto
Si nos quedamos solamente con la tabla, la conclusión parece obvia: McCain ha recuperado su nivel. Pero no estamos aquí para quedarnos con lo obvio. Vamos a intentar rascar un poco más.
En su caso se me ocurren, al menos, tres factores que ayudan a explicar el cambio sin necesidad de recurrir al eslogan facilón de que en Oklahoma la maquinaria funciona más allá del relojero.
Tiempo
El primero es el más evidente: el tiempo. Cuando Philadelphia lo traspasa en febrero, McCain apenas llevaba unos meses reales de baloncesto competitivo después de su operación de menisco. Las lesiones de rodilla, especialmente en jugadores jóvenes cuyo juego depende mucho del ritmo y la confianza en el tiro, suelen necesitar más de un verano para desaparecer completamente del radar mental del jugador. En ese sentido, no es descabellado pensar que parte de su mejora tenga que ver simplemente con haber acumulado más minutos, más rodaje físico y más ‘fallos’.
Sistema
El segundo –aquí viene el guiño a Mark Daigneault– tiene que ver con el tipo de tiros que está encontrando.
Antes del traspaso, varios analistas señalaban que el valor principal de McCain seguía siendo el mismo que había mostrado en Duke: su capacidad para castigar desde el perímetro con volumen y sin necesitar demasiado bote previo. En Philadelphia, sin embargo, su rol alternaba con bastante frecuencia entre generador secundario y anotador de la segunda unidad, algo que en ocasiones lo empujaba a intentar de más desde el drible de lo que probablemente le convenía en esta fase post-lesión.
Los Thunder, por su parte, destacan como uno de los conjuntos que más hacen colapsar las defensas rivales a partir del bote y la penetración (obviamente, el dato fluctúa sin/con Shai). Una característica que obliga al rival constantemente a situaciones de ayuda defensiva y, con ellas, tiros liberados en el perímetro. Para un jugador con la capacidad de tiro de McCain, ese tipo de ecosistema resulta particularmente favorable (sus tiros de dos puntos asistidos han pasado del 34,1% al 46,4%).
Filosofía
El tercer elemento es más estructural, habita en los despachos y responde al nombre de Sam Presti. Los Thunder identificaron en McCain un perfil que encajaba al dedillo con el tipo de apuestas que suele gustar en la franquicia, generalmente vía Draft: jugadores jóvenes que ya han mostrado destellos claros de producción ofensiva y, en el caso del shooting guard, cuyo valor puede haberse depreciado momentáneamente.
La lógica detrás del movimiento era de pura esencia scouting. McCain seguía teniendo 21 años y, antes de su lesión, ya había demostrado poder anotar con volumen en la NBA. Si la lesión no había dejado secuelas, el margen de recuperación era sumamente alto y el coste de adquisición relativamente bajo, más para los estándares y necesidades de OKC (les sobran rondas del Draft).
Jared McCain 20 PTS, 3 REB, 1 AST, 2 STL, 8/15 FG, 4/9 3FG, 66.7% TS vs Bulls https://t.co/zNzvpKI0AA pic.twitter.com/KbkE9bVs6R
— Basketball Performances (@NBAPerformances) March 4, 2026
Por ahora, la pequeña muestra en Oklahoma City parece ir en esa dirección. Su volumen anotador ha aumentado y, sobre todo, lo ha hecho acompañado de una mejora clara en la eficiencia de tiro –muy por encima de su prime como novato–, algo que suele ser indicativo tanto de un repunte físico como de tiros más cómodos fruto de una pizarra ofensiva que juega a su favor.
La pregunta que nos queda, por tanto, es la siguiente: ¿Nick Nurse podía –con lo que tenía– haber tratado de recrear un ecosistema recíprocamente amigable en los 76ers antes de optar por desprenderse de su diamante en bruto?
(Fotografía de portada de Kamil Krzaczynski-Imagn Images)



