Sobrepensar a Jaylen Brown

Sobrepensar a Jaylen Brown
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¿Cuántas veces desde 2018 hasta 2024 se había jugado con la idea de separar a los Jays? ¿Cuántas veces Jaylen Brown había sido protagonista en rumores de traspaso, especialmente recordados los de Anthony Davis y Kevin Durant? ¿Cuántas veces los Celtics habían reafirmado su creencia en ese binomio que finalmente demostró que estaba hecho para coexistir en un equipo campeón?

El final de la historia ha sido mucho menos glamuroso. Jaylen Brown ya no es un celtic. Es un sixer. Una de las únicas rivalidades clásicas de las que nos llegan vestigios. Y el retorno no es, ni mucho menos, un top diez. Es un Paul George venido muy a menos con dos años de mega-contrato por delante y una salud cuanto menos frágil, una primera ronda, un medio swap y dos segundas. 

A veces, hay que hacerle caso a la primera reacción visceral que surge al leer la noticia. “¿¡PERO QUÉ DEMONIOS ESTABA PENSANDO BRAD STEVENS!?”. Porque la alternativa es escudriñar todo el paisaje y encontrarse con el argumentario de esos “analytic guys” de los que precisamente se quejaba Brown hace escasos días por contarle a Bobby Marks que era “el séptimo mejor jugador del equipo”.

Asoman al TL perfiles como Tom Haberstroh (cuyo artículo encapsula toda esa vertiente de pensamiento de manera magnífica), Andy Bailey o el mismísimo creador de DARKO Kostya Medvedovsky a poner estadísticas avanzadas sobre la mesa para dejar claro que Brown está muy lejos del estatus donde el imaginario colectivo le coloca. “Brown es un jugador cercano a ser top 50 que es percibido como un top 15”. Wow

Con el VORP, el DARKO, el EPM, el Box Plus-Minus y toda ‘estadística all-in-one’ que se precie como arma, aparece entonces el concepto “mejora por sustracción”. Empleado en casos como el de LaMelo Ball o Trae Young recientemente. 

El verdadero punto de todo esto

Y está bien que alguien que mira todo desde fuera, en la distancia y con el conocimiento justito del juego y la situación concreta (hablo de servidor) pueda verse seducido por estos cantos de sirena. No hay posiblidad de que, amparados en estas mismas ideas y cifras, los equipos que negocian con Brad Stevens le hayan convencido de que Jaylen Brown vale un Paul George de 36 años y un grupo de jovenzuelos de aquí a 2033. Por muchas puertas que le hayan cerrado.

Porque vale, Jaylen Brown no es una superestrella y su valor para 29 equipos no es ni debe ser el de una superestrella. Es un jugador con defectos obvios y con máculas señaladas en su currículum. También, uno de los mejores two-ways del planeta y el alma competitiva del equipo más regular en la excelencia de la pasada década. 

En el vacío, convendremos que pagarle 60 millones de dólares anuales a Jaylen Brown es sobrestimar su valor de mercado. Pero cuando los Boston Celtics extienden su contrato en 2023 (después del que puede ser fácilmente su peor partido de carrera en un Game 7), no están pagando únicamente por Brown. Están haciendo un desembolso por mantener una idea en la que creían pese a los intentos de la opinión pública por torpedearla y que les había dado una final de la NBA en 2024 y tres finales del Este en seis años. 

Puede que todo esto se rompiese en el momento en el que Brown dice que ha sido la temporada que más ha disfrutado en su carrera. Sin Jayson Tatum al lado para hacerle sombra, se sobreentendió de las declaraciones ¿Y ya está? ¿Tan frágiles son las relaciones humanas como para decidir que este es un punto de no retorno? 

El hecho de que Stevens haya puesto a Brown en las conversaciones por Giannis Antetokounmpo podría ser un agravante. Recordemos, no es la primera vez que esto sucede y que el jugador muestra su inquebrantable compromiso con la franquicia como si nada hubiera pasado. “Es parte del negocio”, y a seguir. De hecho, el periodista del Boston Globe Adam Himmelsbach cuenta que todas las fuentes consultadas aseguran que no ha habido nada parecido a una petición de traspaso por parte del jugador. 

Desde fuera, con el debido derecho a equivocarse de pleno, la gestión de la salida de Brown ha parecido la búsqueda de una excusa para quitarse de en medio su contrato y ya se verá qué se hace con el salario y el jugador que llega a cambio. Lo que es impensable es renunciar a Giannis por no querer incluir a Hugo González en la operación (una información que cuesta creer) para malvender una semana después a uno de los tres o cuatro jugadores más importantes del siglo para una franquicia como la de Boston. 

Hace un par de años, al recibir su MVP de las finales, lo primero que hacía Brown era reconocer a Tatum. Hace un par de meses aplaudíamos una secuencia en la que Brown le dice al oído a Tatum que se encarga de la defensa de Paul George (las vueltas de la vida) para que él pueda tomarse un respiro. Ahora, miramos incrédulos al monitor por la forma y al precio que una era echa el cierre.

(Fotografía de portada de Imagn Images)