Que el ritmo no pare en Charlotte

Que el ritmo no pare en Charlotte
Rate this post

A finales de enero, los Charlotte Hornets eran un poltergeist con un récord de 16-28 y la temporada prácticamente perdida. Pero hoy, unas seis semanas después, son un conjunto totalmente distinto: uno corpóreo, al que le sonríe la suerte y al que apetece ver; uno que encaró el cierre de mercado con ambición y que hoy están al borde de algo impensable al desprecintar marzo: el récord positivo.

Decimos que es un conjunto al que le sonríe la suerte porque al fin está ocurriendo parte de lo que habíamos previsto: que sin lesiones o, mejor dicho, con estabilidad y salud, no eran una mala plantilla ni tenían un mal equipo. Más bien al contrario.

Todos los asiduos a pasar semanas en la enfermería (LaMelo Ball, Brandon Miller, Grant Williams, Josh Green) están teniendo continuidad, y fruto de ello se ha ido forjando una química aún mejor de la esperada que arroja datos bárbaros como este:

Que apetece verlos no es novedad. LaMelo, con todos sus asteriscos, siempre ha destilado un básquet desenfadado y callejero cuyo entretenimiento visual estaba asegurado. Ahora, además, suma más que resta. Aunque en defensa siga siendo un viene y va.

Sin un pace alto (a pesar de un estilo aparentemente anárquico, los Hornets con LaMelo nunca se han distinguido por correr ni apresurar posesiones) se están convirtiendo en un equipo cada día más eficaz, con actualmente el cuarto mejor net rating y el noveno true shooting de la NBA gracias, en parte, a su buen hacer desde la personal, pero brillando por encima de todo en el rebote, donde son, a su vez, una mina de segundas oportunidades (2º de la liga en rebote ofensivo) y un candado en tablero propio (líderes en rebote defensivo).

Anoche, una muestra más de esto último. Los Portland Trail Blazers terminaron con 11 rebotes ofensivos y 28 defensivos, por los 20 en ataque y 35 en defensa de los Hornets.

Airosos incluso en los días malos

Y que ahora mismo tienen la suerte de cara y el viento de cola también lo evidencian partidos anodinos como el de esta pasada madrugada. Un duelo donde ambos equipos tiraron horrible a canasta, pero donde los Blazers –sin Deni Avdija– lo hicieron algo peor.

Y esto quedó especialmente palpable en los dos hombres con, seguramente, más ganas de demostrar. Por un lado un Scoot Henderson que, con la rotación expedita sin Shaedon Sharpe, le sobró ímpetu y le faltó acierto: 3 de 12 en tiros de campo y 0 de 7 en triples.

Al otro lado, Coby White, la gran apuesta de los de Carolina del Norte en el deadline: era solo su segundo partido tras regreso de lesión con la nueva camiseta y acabó con un boxscore de claroscuros. El tino que le faltó en carrera ( 5 de 13) lo compensó en estático, con 8 de 9 desde la personal para sumar su primer partido de 20 puntos como jugador de los Hornets.

Un oasis de juventud

Rescatamos, a la sazón, parte de las declaraciones de White en rueda de prensa, poniendo el foco en dos elementos que suelen ir de la mano: juventud y entusiasmo.

“Llegué aquí y soy como el tercer jugador más veterano… con 26 años. La mayoría de los chicos son más jóvenes que yo. Así que al venir aquí, se nota esa juventud que tienen, ese amor puro y genuino por el juego… y eso es contagioso».

Sobre LaMelo Ball: “Una cosa que he aprendido es que no puedes estar cerca de alguien como LaMelo Ball y no estar feliz. Lo que aporta cada día en cuanto a alegría, energía y espíritu… no puedes estar a su lado y no sentirte feliz, con buena vibra, porque él lo trae todos los días. Es constante en la forma en que vive su vida y es una gozada estar cerca de él».

Sobre Charles Lee: “Es un entrenador joven… aporta esa energía juvenil y conecta con esta generación, mi generación, la de Kon, la de LaMelo… conecta con nosotros a otro nivel precisamente porque es más joven. Se preocupa por cada jugador, y eso a veces no lo encuentras en esta liga. Se toma el tiempo para conocer a cada uno, para hablar con ellos… estando a su lado se nota que tiene un gran IQ de baloncesto, un gran instinto para el juego, pero lo más importante es que consigue que todos compremos la idea de lo que estamos intentando hacer. Hace que todos compitamos, pero además es una persona con una energía muy positiva. Nos une.”

Y para quien se lo pregunte, Kon Knueppel no lo partió desde el triple pero no deja de sumar: otros dos más (2 de 7).

Victoria sin exceso de sufrimiento (93 a 109) para una nueva mini-racha de cuatro triunfos consecutivos, quedarse al borde del balance neutro y, ojo, a cuatro partidos del acceso directo a playoffs.

(Fotografía de portada de Scott Kinser-Imagn Images)