No hay truenos en el desierto de Arizona

No hay truenos en el desierto de Arizona
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Los Phoenix Suns han sido una de las gratas sorpresas de la temporada. Un equipo al que muchos esperaban entre los peores de la liga está ganando partidos, afianzado en puestos de play-in, demostrando solidez y una identidad clara. Pero lo de esta madrugada es con diferencia la machada del curso. Convertirse en el cuarto equipo capaz de tumbar a los Oklahoma City Thunder es algo que no entraba en las quinielas para este año de teórica reconstrucción.

Y sin embargo lo han hecho, y lo han hecho de la manera más épica posible. Para empezar, remontando una diferencia de 18 puntos; para rematar, ganando con un triple en el último segundo. Hoy, más que nunca, solo hay sol en Phoenix. Aunque las previsiones auguraban tormenta, los de Ott han borrado de un plumazo las nubes.

O más bien de un triplazo, uno de Devin Booker que puso el colofón a una noche de Reyes adelantada. El escolta está en su peor año como triplista desde su llegada a la liga (29,2%) y estaba en un 0/3 durante la noche, pero a la hora de la verdad conviene muchas veces olvidarse de eso. Igual que él se olvidó de que tenía encima a Dort y Caruso y clavó un game winner sobre dos de los mejores defensores de la liga con el rostro estoico de quien anota un tiro en el calentamiento.

Booker no fue, no obstante, quien llevó a los Suns a este final apretado, labor que recayó en unos sorprendentes Dillon Brooks y Jordan Goodwin, que no solo sumaron 22 y 26 puntos respectivamente sino que se hicieron grandes en un último cuarto prodigioso. Lejos de encogerse a la hora de la verdad, se fueron creciendo y sumaron 25 de los 34 tantos locales en el último cuarto, incluyendo varios tiros clave en los minutos finales.

Y todo ello mientras realizaban una gran labor defensiva para contener al mejor equipo de la liga.

Definidos desde atrás

Porque lo que ganó el choque en realidad para Phoenix fue su defensa. Es en torno a la que han construido su identidad y la que los ha convertido en un rival tan incómodo, y fue la que frenó por completo a OKC durante muchísimos minutos. Con un ritmo bajo y negando los puntos en contraataque llevaron el choque a su terreno, y una vez ahí sacaron su agresividad sobre balón para intentar frenar a Shai y a sus secundarios. Y el resultado no pudo ser mejor.

Solo en la primera mitad (y a ratos) pudimos ver a unos Thunder reconocibles, a esos que meten miedo allá donde van y que anulan a casi cualquier rival que se les ponga delante. Así llegaron a colocarse 15 arriba en el primer cuarto y llevar la diferencia hasta los 18 en el segundo. Pero poco duró la alegría. Un parcial de 11-0 dejó el marcador al descanso en un manejable 42-49 y a los dos minutos de arrancar la segunda mitad Phoenix ya había empatado el choque.

Y a partir de ahí, trabajo duro y manual de supervivencia hasta el final. Una buena dosis de sufrimiento para las piernas de los que estaban en pista y para los corazones de los que estaban viéndolo desde fuera, pero un sufrimiento que, a diferencia del que experimentaron la temporada pasada, esta vez sí valió la pena para los de Arizona. Hoy sí hubo recompensa. Y con este trabajo bien hecho, habrá más en el futuro.

(Fotografía de portada: Mark J. Rebilas-Imagn Images)