Candidato a nº1 del Draft… ¿se lo piensa?
AJ Dybantsa lleva semanas dando razones y alimentando sus opciones para convertirse en el próximo número uno del Draft de la NBA.
Y sin embargo, el joven talento de BYU acaba de dejarnos a cuadros al insinuar que podría no dar el salto a la NBA… todavía. En una reciente entrevista, el alero dejó caer una posibilidad que, hasta ahora, parecía impensable en la era del ¡Enséñame la pasta!: quedarse más tiempo (del imprescindible) en la facultad.
“Puede que no me vaya de la universidad… Mi madre quiere que me gradúe. Pero también podría irme. No lo sé todavía”, manifestó el jugador.
La declaración ha generado bastante revuelo en el baloncesto universitario y, por supuesto, en el profesional, ya que Dybantsa está considerado por muchos analistas uno de los grandes talentos de su generación y uno de los principales candidatos –junto a Darryn Peterson y Cameron Boozer– al nº1 del Draft de 2026.
En condiciones normales, la situación no albergaría dudas. Un jugador proyectado como pick de lotería suele abandonar la NCAA tras su primer año para firmar su primer contrato rookie millonario en la NBA. Ni que decir si cuenta con la certeza de ser un top-3 e incluso salir como el primer elegido.
Un talento generacional
El alero de 2,06 metros está firmando una temporada fantástica con los Cougars. Actualmente promedia 24,8 puntos, 6,7 rebotes, 3,8 asistencias y 1 ,1 robo por partido, además de lanzar por encima del 52% en tiros de campo, cifras que lo sitúan como máximo anotador de toda la NCAA.
Su impacto ofensivo, unido a su capacidad para anotar a tres niveles y catalizar juego desde el perímetro, lo han consolidado como uno de los prospectos más atractivos de su generación.
Por ahora, su futuro sigue siendo una incógnita. Lo que parecía un camino directo hacia la NBA podría convertirse en una de las decisiones más sorprendentes del baloncesto universitario reciente.
Además, el contexto del baloncesto universitariom en cuanto a sus urgencias del one-and-done ha cambiado sensiblemente en los últimos años.
Gracias a la implementación del sistema NIL (Name, Image and Likeness), los jugadores ahora pueden firmar acuerdos publicitarios millonarios mientras siguen en la NCAA. Esto ha reducido en cierta medida la presión económica por dar el salto inmediato a la NBA, algo que hace una década habría sido prácticamente impensable para un potencial número uno del Draft.
(Fotografía de portada de Aaron Doster-Imagn Images)



