Un día de tanking cualquiera, con Jeremy Lin: Recibimos una llamada desde arriba

Un día de tanking cualquiera, con Jeremy Lin: “Recibimos una llamada desde arriba”
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Hace unos años, esta confesión no hubiesen salido por boca de Jeremy Lin. De haberse atrevido, de haber cedido al impulso, sanción al canto. Y aunque llegó a cobrar bastante bien (3 años por 38M con Brooklyn fue su mejor contrato NBA) la nómina de base nacido en California no justificaba sacrificar unos cuantos miles de dólares por una filtración que, por otra parte, a nadie de aquí va a coger excesivamente por sorpresa.

Ahora que esta al otro lado de la barrera –sin patrocinios que perder, sin el temor a ser cortado– nada le impide levantar la alfombra y enseñarnos algo de la porquería que esta oculta debajo.

En el sofá curvo y modular de Dwhight Howard, donde el mal no tiene cabida alguna («we hear no evil, see no evil and speak no evil» dice en la presentación) se charló mucho y variado.

De verdad, muy recomendable episodio de Above the Rim (mención especial a la parte del áspero liderazgo de Kobe Bryant, uno de los platos fuertes), en especial para los que seguimos manteniendo a Linsanity como una de los cantares de gesta más memorables de la NBA en lo que va de siglo XXI. Una historia tan buena que lo peor que podrían hacer con ella es adaptarla al cine. Porque sería imposible igualar la original.

Una historia que conocemos muy bien pero que, por tratar de añadir algo nuevo a la misma que mejore nuestra visión de conjunto –y decidamos si empatizar más o no con esa directiva que se debatía entre mandar o no a Lin al paro– he buscado (y localizado) el resumen, no del partido justo anterior a la explosión ante los Nets (2 puntos y 7 minutos ante Boston), sino uno donde poder ‘estudiar’ más al Lin justo previo a la eclosión. Al Lin pre-Linsanity.

Y no me he tenido que ir muy atrás.

  • 5 de febrero: la locura ante los Nets.
  • 4 de febrero: tiempo residual ante Boston.
  • 1 de febrero: seis minutos frente a Detroit.
  • 29 de enero… 20 minutos en la derrota ante Houston Rockets.

Su primera gran oportunidad de la temporada (la tenéis en el video de arriba): nueve puntos y seis asistencias de un Lin tan fallón y encogido al principio… como reconocible en su abanico de virtudes que le haría triunfar apenas unos días después.

Pero nos desviamos del objeto de post. La parte ‘turbia e insoslayable’ del business.

Víctimas de un inevitable

Es Dwight Howard quien abre esa puerta: franquicias preocupadas por su eterno retorno (competir/reconstruir) incompatible con la corta y apremiante carrera de jugadores. Y a Lin, que no fue la excepción, también le tocó vivir en sus carnes esa situación en la que ganar no engrana en la caja de cambios, y de lo desconcertante que puede llegar a resultar vivirlo no solo desde dentro… sino sufriendo sus consecuencias de primerísima mano.

Evitando ‘tirar a nadie a los pies del autobús’ (aunque, tras bucear un poco, encaja un encuentro entre Lakers y Timberwolves de marzo de 2015), Lin recoge el guante para ilustrarnos sobre el particular.

El point guard -recuerda- llevaba alrededor de 20 puntos y 10 asistencias al término del tercer cuarto, con su equipo dominando el marcador y el triunfo aparentemente encarrilado. Entonces, llegó el persianazo: no volvió a disputar ni un solo segundo más. Ni en la última manga ni en el tiempo extra que se requirió para encontrar un ganador.

Según cuenta Lin, uno de los entrenadores asistentes se le acercó con una explicación tan breve como perturbadora: habían recibido “una llamada desde arriba”.

Hoy, el base recuerda la escena con una mezcla de incredulidad y humor retrospectivo. Desde el banquillo veía cómo el partido se les escapaba de las manos mientras intentaba entender qué diablos estaba ocurriendo ahí, en la Liga que tantas veces había estado a punto de escupirle fuera por su fracaso al cumplir al más alto nivel.

“¿Qué? ¿¡Quién estaba al teléfono!?»

El quién no importaba tanto como el porqué. Un porqué que nos contamina cada año y ante el que la NBA no encuentra la vacuna porque ella misma es parte del virus. Un sistema diseñado como parte de un todo circular. Tan viciado como virtuoso. Lotería del Draft y tanking primaveral, condenados a encontrarse.

Conviene aquí hacer una pausa breve, porque el clip tardó exactamente lo que tardan estas cosas en internet en convertirse en combustible para teorías sobre una «NBA amañada”.

Pero esto es algo mucho más mundano: decisiones competitivas tomadas desde dentro de cada franquicia cuando la posición en la lotería, el ascensor más perfecto en términos financieros, empieza a pesar más que el resultado de un partido cualquiera.

El caos organizado hecho arte en pista del que habla Lin… y la fría ingeniería competitiva de los despachos. Dos caras de una misma moneda.

(Fotografía de portada de Kyle Terada-Imagn Images)